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Mozart - Beethoven Wind Quintets

Programa

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Quinteto para piano y viento en Mi bemol mayor, K. 452:
  - I. Largo. Allegro moderato.
  - II. Larghetto.
  - III. Rondo. Allegretto.

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

Quinteto para piano y viento en Mi bemol mayor, Op. 16:
  - I. Grave. Allegro ma non troppo.
  - II. Andante cantabile.
  - III. Rondo. Allegro ma non troppo.

Harmonie du soir, conjunto.

Musicstry Studios. TRT® sound (calibración 2.4b). Grabado: 9, 10 Junio 2017. Publicado: 23 Enero 2020. Fotografía: Daniel Mellado. Notas: Justo Romero. Productor: Mario Martínez. PC17007 ℗ & © 2021 Play Classics.

Abrazo en Mi bemol

Dos quintetos para piano y vientos. Dos composiciones importantes de dos importantes creadores, relegadas ambas del lugar protagonista al que son acreedoras por calidad e inspiración debido, sobre todo, a su hoy desusada plantilla instrumental y al protagonismo que desde hace décadas ejercen en las salas de concierto el repertorio sinfónico y el universo del recital. Dos piezas maestras también de acuerdo al criterio de sus propios compositores: no se equivocaba Mozart cuando en una carta que remite a su padre Leopold el 10 de abril de 1784, le dice que el Quinteto para piano y vientos que acaba de concluir “es la mejor obra que nunca he escrito”.

Tampoco erró Beethoven al abrazar sutilmente a Mozart, al genial autor de Don Giovanni, en el Andante cantabile central de su único Quinteto para piano y vientos, donde el alemán, que nació solo catorce años después del salzburgués, hace escuchar y sentir el canto de la bella Zerlina en su famoso “Batti, batti o bel Masetto”. Este disco en todos los sentidos redondo reúne así dos obras que no son únicamente las más emblemáticas del repertorio para piano y vientos, sino también dos composiciones que forman parte de lo más granado del patrimonio camerístico universal.

Una y otra escritas en Mi bemol, tonalidad acorde con la naturaleza instrumental de los instrumentos de viento coprotagonistas junto con el piano de estas dos obras cimeras en su ámbito. Mozart concluye el quinteto en Viena, el 30 de marzo de 1784, y solo dos días más tarde lo estrena, ¡tocado casi a primera vista!, en el Burgtheater de la capital austriaca. Mozart cuenta 27 años pero es desde hace tiempo -¡casi desde que nació!- un consumado maestro, hábil conocedor del teclado, pero también de las características singulares de los cuatro instrumentos de viento que completan la plantilla.

Beethoven también es un veinteañero veterano cuando, con 26 años, da a conocer su Quinteto, que, como el de Mozart, se estrena también en Viena, el 6 de abril de 1797, apenas trece años después del de Mozart y con él mismo al piano. El paralelismo entre uno y otro es palmario, manifestado también en la configuración de ambos en tres movimientos y el preámbulo común de una lenta introducción. Sin embargo, y a pesar de la casi idéntica edad de sus compositores cuando crean estas obras, el Quinteto de Mozart revela una madurez y evolución más desarrollada dentro del catálogo de su autor que el de Beethoven, cuyo opus 16 lo sitúa sin fisuras en su primer periodo creativo, cuando todavía la influencia de Mozart y del clasicismo en general son evidentes, por mucho que ya asomen destellos y detalles del revolucionario rompedor que muy pronto impondrá el romanticismo y una manera nueva de ser, de sentir y de vivir la música.

En no tantas obras de Mozart se adivina con semejante claridad el futuro -¡Beethoven!- como en su Quinteto para piano y vientos, vecino cronológica y estilísticamente de los conciertos para piano y orquesta número 16 y 17. Música de gran refinamiento, cuyo tamiz cortesano en absoluto supone superficialidad o ligereza. En la que sobre todo, incluso sobre el sabor incuestionable del mejor Mozart, se imponen el equilibrio, sentido del color y meticuloso conocimiento instrumental que delata cada instante. Ya desde los primeros acordes del solemne Largo inicial se siente la perfección y riqueza de ideas temáticas que alientan y nutren el quinteto. En todo el primer movimiento, en clara forma de sonata, brilla esta genial fertilidad, con sucesivas intervenciones protagonistas de los diversos instrumentos.

El Larghetto central es característico de los hipnóticos movimientos lentos mozartianos. Fascina la inspiración, el melodismo puro, la belleza de sus frases y el cómo se combinan, distribuyen y entremezclan entre los diferentes instrumentos. También seduce el prodigioso y unitario mosaico de colores y registros tímbricos, su fluir natural y perfectamente armonizado, como si fuera una delicada serenata nocturna, que poco tiene que envidiar a la que canta Don Giovanni bajo el balcón de Doña Elvira. Todo emplaza este tiempo entre sus más logrados y mejor acabados movimientos lentos. El Allegretto final es un rondó cuyo sencillo estribillo es introducido por el piano ya desde el primer compás. Se trata de un característico final de concierto teñido de fascinantes modulaciones a la tonalidad relativa de do menor, que comprende incluso una característica y bien elaborada cadencia que precede a la previsible y brillante coda.

El Quinteto de Beethoven es deudor del de Mozart y un claro homenaje a su autor, que se manifiesta no únicamente en la ya comentada cita del segundo movimiento. El abrazo de Beethoven a Mozart también se refleja incluso en la propia estructura del quinteto, que sigue fielmente la del de Mozart hasta en el detalle de la grave introducción del primer movimiento y la característica configuración en tres movimientos, con final desenfadado en forma de rondó. Un Beethoven que aún se siente vecino a Mozart, pero cuya revolución es ya tan inminente como inexorable. Años después, en torno a 1810, Beethoven realizaría una transcripción para cuarteto de piano y trío de cuerdas (violín, viola y violonchelo), en la que la parte del teclado permanece intacta.

El movimiento más avanzado, más propiamente beethoveniano del quinteto, es el Allegro ma non troppo inicial. Tras la cadenciosa y grave introducción, irrumpe el sentido afirmativo, categórico, imperioso casi, del inminente Beethoven, más de manifiesto aún en el rotundo tratamiento del piano, que enuncia el motivo principal y que con frecuencia cumple papel de verdadero solista. Una sensualidad “zerlinesca” envuelve los líricos y efusivos pentagramas del Andante cantabile central, mientras que en el extravertido rondó final, en tiempo de 6/8 e inaugurado por el piano en solitario, los instrumentos de viento dialogan con el piano y se tutean a través de una colorida escritura de enorme vivacidad y desparpajo. Mozart, sus acentos, ritmos y sentido cantable, cohabitan armoniosamente en este final con sabor ya inequívocamente beethoveniano.

Justo Romero

Harmonie du soir

Conjunto de viento formado por Enrique Bernaldo de Quirós (piano), Mayte Abargues (flauta), Carlos Fortea (oboe), Silvia Insa (clarinete), Josep Tatay (fagot) y José Fco. Fortea (trompa).

El uso metafórico de la poesía de Baudelaire da nombre a Harmonie du soir Ensemble, un juego de palabras que Baudelaire dedica a la música en su conocida obra poética “Les fleurs du mal”. También se ha querido hacer un guiño a los famosos conjuntos de instrumentos de viento de la época de Mozart y Beethoven denominados Harmoniemusik.

Esta formación se reune a principios de 2017 por iniciativa del Quintet Lluís Vives y el pianista Enrique Bernaldo de Quirós, todos ellos profesionalmente activos en Mallorca, con la intención de profundizar en el repertorio para instrumentos de viento y piano.

Harmonie du soir Ensemble suele estar presente con asiduidad en las salas de conciertos, ciclos de música de cámara y Festivales más importantes de las Islas Baleares. En Febrero de 2019 lanzan el que será su primer trabajo discográfico conteniendo los quintetos de viento y piano de Mozart y Beethoven bajo el sello discográfico PlayClassics.

El repertorio de esta formación comprende una selección cuidada, desde una perspectiva joven y moderna, de todas las épocas y estilos, desde el clasicismo a las vanguardias.

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