00:00 - 00:00

Debussy Préludes. Libro 1

Programa

Claude Debussy (1862-1918)

Préludes, Libro 1, L. 117:
  - I. Danseuses de Delphes.
  - II. Voiles.
  - III. Le vent dans la plaine.
  - IV. Les sons et les parfums tournent dans l'air du soir.
  - V. Les collines d'Anacapri.
  - VI. Des pas sur la neige.
  - VII. Ce qu'a vu le vent d'ouest.
  - VIII. La fille aux cheveux de lin.
  - IX. La sérénade interrompue.
  - X. La cathédrale engloutie.
  - XI. La danse de Puck.
  - XII. Minstrels.

Enrique Bernaldo de Quirós, piano.

Musicstry Studios. TRT® sound (calibración 2.4b). Grabado: 17, 18, 19 Julio 2014. Publicado: 23 Enero 2020. Fotografía: Javier Esteban. Notas: Enrique Bernaldo de Quirós. Productor: Mario Martínez. PC13001 ℗ & © 2021 Play Classics.

Entrevista a Enrique Bernaldo de Quirós por Enrique Bernaldo de Quirós sobre impresionismo y otros temas

Gracias Sr. Bernaldo de Quirós por concedernos esta entrevista, pues, aunque sabemos que siempre ha demostrado su buena disposición para atender a los medios, es Ud. un hombre muy ocupado.

Es un gusto para mi atender a los medios especializados y a entrevistadores con quienes poder sentirse de igual a igual, como con Ud.

Me gustaría, en primer lugar, que aclarásemos ciertos términos relativos a esta entrevista y es que, seguramente, será consciente de que habrá quienes puedan ver en nuestro tête-à-tête cierto paralelismo con el que, allá por los años 70, mantenía con frecuencia el Sr. Glenn Gould con un particular periodista canadiense cuyo nombre no logro recordar en este momento.

Aquel intrépido entrevistador, de hecho, me recuerda en algo a Ud., pero he de tranquilizarle, pues todo paralelismo con aquellas jocosas entrevistas que menciona será mera coincidencia, con todos mis respetos al Sr. Gould, a quien admiro desde siempre.

Recuerdo que en una ocasión anterior llegó a confesarme en privado que Don Glenn ha sido su principal influencia pianística.

¿De veras le confesé eso? No lo recuerdo... No sería del todo justo con otros grandes artistas a quienes he adorado y adoro escuchar como Richter, Benedetti-Michelangeli, Gilels o el gran Rubinstein, sin olvidar, por supuesto, a la persona que me descubrió todos los secretos de este oficio: mi maestra Galina Egiazárova.

Una maestra única y peculiar, sin duda, pero... Muchos pianistas hablan del temor que les inspira esa mujer.

Yo mismo, por ejemplo.

¿Tenía miedo de ir a sus clases?

Los primeros años me temblaban las piernas. Después, cuando asumí lo poco que sabía y lo mucho que tenía que aprender, conseguí desarrollar la capacidad de interaccionar en tiempo real con lo que ella me decía y salir relativamente ileso del aula.

Entonces ¿nunca ha disfrutado con el proceso de aprendizaje y con la relación maestra­ discípulo que tenía con la Sra. Egiazárova?

Oh, disfruté infinitamente... Nuestras últimas clases, en que ya apenas eran necesarias las palabras, donde todo fluía con naturalidad en un clima de profunda comprensión y creatividad infinita, son algunos de mis mejores recuerdos.

Si tuviera que elegir una sola cosa de las que aprendió con ella, sería...

El sonido.

¿En qué sentido?

El sonido como medio y como fin en la música, como herramienta para expresar multitud de estados de ánimo y de colores, el sonido como belleza...

¿Diría Ud. que esto es algo que distingue a la escuela rusa?

Afortunadamente no solo a la rusa y, de hecho, las escuelas pianísticas se han mezclado tanto en el último medio siglo que ya no es fácil establecer fronteras. No obstante, no creo que sea una coincidencia que los grandes pianistas soviéticos -y digo soviéticos porque el florecimiento de las escuelas interpretativas en Rusia tuvo lugar en la época posterior a la Revolución de Octubre- puedan distinguirse rápidamente por la belleza de su emisión. Pienso en poetas del piano como Sofronitsky, Neuhaus, Feinberg, el propio Richter. Algunos de estos insignes nombres suenan muy poco fuera de las fronteras rusas.

¿Aprecio cierto matiz nostálgico?

No sé si nostálgico sería el término más apropiado, pues no tengo la suficiente edad como para haber vivido esa época dorada de la música. Nuestra generación... Usted tiene más o menos la misma edad que yo, ¿verdad?

Es de suponer que sí...

Nuestra generación, como le decía, sólo puede conformarse con las migas que dejaron aquellos titanes en forma de grabaciones. La magnitud personal y profesional de esa pléyade de artistas se ha perdido para siempre y de forma irreversible.

Y ahora le noto bastante pesimista... No puedo creer que no haya artistas actualmente que despierten su interés. En mi opinión, aunque los tiempos cambien, siguen apareciendo personalidades, creadores de su tiempo, un tiempo que no se elige, sino que se vive y se traduce en nuevas manifestaciones artísticas.

Creo que ahí ha dado en el clavo, muy a mi pesar. El tiempo, poco interesante y nada proclive a la introspección y la profundización, que nos ha tocado está cada vez más lejos en mente y espíritu de un fenómeno tan anacrónico actualmente como es la música clásica y, por supuesto, el concierto convencional. Los vanos intentos de atraer al ciudadano de a pié a las salas de conciertos disfrazando la música clásica con un ridículo manto de show audiovisual, en el que el intérprete de turno viste con esmoquin plateado y peina una extravagante cresta, hace un flaco favor a la música, al público y al gremio de intérpretes. Se trata, en definitiva, de un gran malentendido en el que nadie tiene ni idea de lo que realmente está presenciando.

No quiero dar la impresión de ser ortodoxo o conservador, pero creo sinceramente que la buena música no necesita de envoltorio brillante, sino de intérpretes con la suficiente sensibilidad como para recrear y hacer llegar un mensaje a un oyente dispuesto, a su vez, a recibirlo. Si los tiempos no propician intérpretes brillantes o un público receptivo, habrá de suponer que dicha relación caerá en desuso hasta la llegada de un nuevo renacer o hasta su completa extinción.

Pero ¿qué me dice del terreno que abren las nuevas tecnologías? ¿No le parece que internet consigue llevar la música clásica como cualquier otro producto a cualquier consumidor del lugar menos pensado del mundo? De hecho, la razón que nos ha reunido en esta ocasión es su primera colaboración discográfica con el sello PlayClassics, dedicado mayormente a la difusión de la mejor música clásica a través de Internet.

En efecto, pero debo puntualizar que hablábamos del concierto en vivo y el disco es un formato muy distinto. Parafraseando las palabras de nuestro admirado Glenn Gould, quien ya a mediados de los 60 vaticinó la muerte del concierto y el porvenir del soporte fonográfico, el disco es el futuro de la música clásica ya que permite una total libertad de relación entre esta y el oyente.

Es muy diferente asistir, pongamos, a un concierto de piano, teniendo que gastar dinero en una entrada, desplazarse al auditorio, preocuparse mínimamente por un vestuario y aseo personal adecuados y, lo peor de todo, tener la suficiente paciencia para ver a un individuo (en ocasiones de dudosa reputación pianística) bajar y subir teclas durante una hora y media. El disco le permite escuchar cualquier pieza que le apetezca total o parcialmente, las veces que quiera, interpretada por su artista preferido, sin salir de casa, en su sillón favorito, con la vieja bata heredada de su abuelo y sin afeitar. ¿Usted dudaría en la elección?

Creo que es un enfoque algo misántropo, además de que se contradice Ud... ¿Es Ud. defensor del concierto en vivo o partidario del disco?

A pesar de que en ocasiones mantengo discusiones conmigo mismo sobre este asunto, sin llegar por supuesto a un consenso, en realidad no hay contradicción en lo que le estaba diciendo. El concierto y el disco son dos experiencias diferentes tanto para el intérprete como para el oyente. Mientras en el primero el intérprete es el protagonista, con el disco en la mano quien manda es el oyente. Ambos enfoques son válidos y no excluyentes aunque, como le digo, cada vez soy más sensible a las palabras del Sr. Gould.

Con esto llegamos al momento idóneo para hablar de su última incursión en el disco con el primer cuaderno de Preludios de Debussy. Debo confesarle que me ha sorprendido bastante la elección del repertorio. Sin ánimo de encasillarle, le situaba más del lado de los clásicos y los románticos alemanes y, en todo caso, de los rusos de la primera mitad del siglo XX.

Me sorprenden sus palabras teniendo en cuenta que esta no es la primera vez que tenemos el gusto de intercambiar opiniones. Siempre me he considerado un artista versátil y dado a buscar nuevas maneras de expresión a través de muy diversos estilos y estéticas. Mi origen ruso-español se une a mi formación de herencia eminentemente clásica. No podemos obviar el hecho de que el maestro de la Sra. Egiazárova, de quien ya hemos hablado, fue el mítico Alexander Goldenweiser, quien hunde sus raíces en la escuela de Liszt y, por tanto, en el legado directo de Beethoven.

A pesar de lo que pueda parecer a simple vista, Debussy no está muy lejos del clasicismo más puro. Su extrema exigencia en los detalles relativos a la articulación, los fraseos, los tempi y las dinámicas pueden traernos a la memoria muchas partituras beethovenianas. En lo que difiere mayormente la música del francés es en la paleta de colores que utiliza, hablando pictóricamente. Aquí encontramos matices de rojos, azules o grises a menudo difíciles de describir o percibir completamente. Las cosas casi nunca se dicen a viva voz, sino que se sugieren, se insinúan con gestos, guiños, miradas furtivas...

Después de mi último disco, El triunfo de la sonata, dedicado a Beethoven y a Brahms y donde tuve que hacer las veces de un consumado arquitecto de construcciones complejísimas, decidí, en mi afán de exploración como le decía, dar un giro de 180 grados y sumergirme en el mundo del preludio, de la miniatura, del puntillismo musical. Además -le seré sincero- no he oído una sola versión de los preludios, salvo quizás la de Benedetti-Michelangeli, que me haya satisfecho por completo. Todas las grabaciones sin excepción contienen imprecisiones y desviaciones del urtext imperdonables para los grandes pianistas que han afrontado el ciclo.

Esta actitud algo laxa hacia la interpretación de la música de Debussy -y a menudo de la de Ravei- responde al concepto equivocado de libertad que se le supone al impresionismo musical por extensión del pictórico. En realidad ninguno de los dos tiene nada de arbitrario o caótico y la "libertad impresionista" está milimétricamente calculada por artistas de técnica asombrosamente exigente.

Sus palabras dejan entrever una actitud muy firme y una convicción pasmosa en su concepción y enfoque del pianismo impresionista y de los preludios de Debussy en particular. ¿Es la suya una versión de referencia?

Sin duda alguna, sí -disculpe mi atrevimiento. Esta versión recoge doce años de búsqueda y profundización y estoy muy satisfecho con el resultado, además de con el sonido de la toma que, bajo mi punto de vista, está en todo momento a la altura de la interpretación.

Enrique Bernaldo de Quirós
Para Laura, mi inspiración.

Voici venir les temps où vibrant sur sa tige
Chaque fleur s'évapore ainsi qu'un encensoir ;
Les sons et les parfums tournent dans l'air du soir ;
Valse mélancolique et langoureux vertige!
Ch. Baudelaire

Enrique Bernaldo de Quirós

Heredero de la gran tradición pianística rusa a través de su maestra Galina Eguiazárova (alumna directa de A. Goldenweiser, padre de la moderna Escuela Rusa del piano), Quirós es uno de los pianistas más completos y de mayor proyección internacional de su generación. Su versatilidad y su profunda erudición le han permitido abordar con éxito todos los estilos y estéticas a través de un vasto repertorio.

Su brillante palmarés supera los cuarenta premios en concursos internacionales de piano. Los prestigiosos premios “Cidade do Porto” en 2007 y “UNISA” (Pretoria, Sudáfrica) en 2012 lo sitúan en el selecto grupo de pianistas españoles galardonados en certámenes pertenecientes a la Federación Mundial de Concursos Internacionales de Música de Ginebra.

Ha sido ampliamente reconocido como un destacado intérprete de música española, campo en el que ha recibido valiosos consejos de Alicia de Larrocha, Antón García Abril, Albert Attenelle, y Joaquín Achúcarro.

Nace en 1981 en Moscú, donde a la edad de cinco años comienza sus estudios musicales, debutando en público a los once en la Sala de Cámara del Conservatorio Tchaikovsky. No obstante, su formación transcurre principalmente en Madrid en el Real Conservatorio Superior de Música y en la Escuela Superior de Música “Reina Sofía”, donde es distinguido con diversos diplomas honoríficos de manos de S.M. La Reina Dª Sofía.

Actúa habitualmente en Alemania, Rusia, Italia, Portugal, Suiza, Serbia, Norte de África, Sudáfrica y Oriente Próximo, así como en los principales escenarios españoles. En junio de 2008 debuta en la Sala Grande del Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, una de las salas de conciertos más emblemáticas del mundo, actuación que le supone un gran reconocimiento del público y de la crítica.

Como solista ha actuado bajo la batuta maestros como Tamás Vásáry, Salvador Brotons, Stuart Stratford, Josep Vicent, José Ramón Encinar, José Luis Gómez Ríos, Guerássim Voronkóv, Ovidiu Balan o Joji Hattori.

Actualmente es Profesor Titular en el Conservatorio Superior de Música de las Islas Baleares.

Las cookies nos ayudan a ofrecer nuestros servicios. Al utilizarlos, aceptas que usemos cookies.  Más info

OK