Albéniz Iberia
Programa
Isaac Albéniz (1860-1909)
Iberia, Libro 1:Luis Grané, piano.
Musicstry Studios. TRT® sound (calibración 2.4b). Grabado: 11, 12 Abril y 11, 12 Julio 2014. Publicado: 23 Enero 2020. Fotografía: Darkana Kat. Notas: Walter Aaron Clark. Productor: Mario Martínez. PC13004 ℗ & © 2021 Play Classics.
La obra maestra de la música española
Nacido en 1860 en la población catalana de Camprodón, cercana a la frontera francesa, Isaac Albéniz fue un extraordinario niño prodigio que comenzó a hacer giras por España y Cuba como pianista virtuoso itinerante cuando apenas era un adolescente. Aún no había cumplido 20 años cuando acabó sus estudios, con honores, en el Conservatorio Real de Bruselas. Entre los años 1880 y 1890, Albéniz surgió como compositor de gran originalidad e importancia, al crear un estilo español propio con obras clásicas inmortales como la Suite española Nº 1, Recuerdos de viaje y Cantos de España. En estas páginas musicales para solos de piano, Albéniz combinó la armonía romántica con el ritmo y la melodía de España para capturar el encanto de rincones exóticos de la península, especialmente Granada, Sevilla y Córdoba.
Sin embargo, pese a la orientación nacionalista de su música, Albéniz se sentía cada vez más desilusionado con las políticas conservadoras, la religión y el retraso cultural de España. Así, en 1890 trasladó su residencia a Londres y, cuatro años después, a París, ciudad en la que se afincó hasta el resto de sus días. Influido por la música francesa, el estilo de Albéniz sufrió una transformación radical. Iberia, su obra maestra, fue el fruto de esa transformación.
Albéniz comenzó a trabajar en su monumental recopilación de Iberia en 1905 y le dio los últimos retoques en 1908, apenas un año antes de morir por la enfermedad de Bright en Cambo les Bains, el 18 de mayo de 1909, a escasos once días de cumplir cuarenta y nueve años. Iberia no es una “suite” en el sentido tradicional porque los doce números, distribuidos en cuatro libros de tres piezas cada uno, pueden interpretarse en cualquier secuencia. De hecho, su orden de composición no fue el mismo que el de publicación y es evidente que el compositor preveía que se programaran por partes y en distinto orden. Aunque el estreno de Iberia en su forma completa estuvo a cargo de la pianista francesa Blanche Selva, la correspondencia de Albéniz deja claro que la compuso pensando en el virtuoso catalán Joaquim Malats. Al parecer, sólo Malats estaba a la altura de una música que, según el propio Albéniz, había llevado “el españolismo y la dificultad técnica al extremo absoluto” como, en efecto, hizo. La música abunda en contrarritmos, entrelazados de dedos, cruces de manos, complicados saltos y acordes prácticamente imposibles. Con su superabundancia de imprevistos y marcas multilingües, la partitura en sí misma es abrumadoramente difícil de leer. En efecto, Albéniz casi destruyó su manuscrito en un momento dado, pues temía que fuese imposible de interpretar.
Iberia representa la característica fusión que hizo Albéniz de tres grandes elementos de estilo: armonías impresionistas, especialmente el uso de escalas de tonos completos, una virtuosidad lisztiana llevada al límite de la capacidad humana y el nacionalismo español que él mismo había desarrollado y definido. Este nacionalismo evocaba diversos estilos regionales de canciones y bailes, especialmente el flamenco andaluz, unido a insinuaciones de rasgueo y punteo de guitarra, y de coplas cantadas. Sin embargo, insistía Albéniz, "nunca utilizo la ‘materia prima’ en bruto”. Por el contrario, como observó Debussy, había absorbido melodías y ritmos regionales hasta tal punto que “se han integrado en su música, sin dejar huella de ningún límite”.
“Evocación” es un ejemplo perfecto de estos rasgos. Pero lo que más nos impresiona es el ambiente profundamente interiorizado que impregna esta obra, al ver Albéniz su tierra natal desde una distancia en tiempo y espacio, a través de una bruma en la que los recuerdos se unen a la nostalgia. Esta es una de las ocho selecciones de Iberia en forma de sonata, con sus correspondientes exposición, desarrollo y repetición de temas. Aunque aquí el tema principal nos recuerda a las canciones del sur y los bailes de tipo fandango/malagueña, el segundo tema evoca la jota del norte. Así, esta “evocación” (que en el manuscrito se titula “Preludio”) parece abarcar el país por completo con un amplio gesto musical. “El Puerto” exuda una atmósfera completamente opuesta de ruidosa alegría, el ajetreo de un puerto de mar, el Puerto de Santa María junto a Cádiz. Su estilo es el de zapateado, baile basado en un ritmo de 6/8 insistente, en una partitura que Albéniz resalta aquí y ahí con toques rítmicos sugerentes de un rasgueo. “El Corpus en Sevilla” es una obra programática de formato ternario que describe una cautivadora imagen del Corpus Christi en Sevilla, durante el cual una estatua de la Virgen recorre las calles en andas acompañada de bandas de música, cantantes y disciplinantes penitenciales. La obra comienza con redobles de tambor seguidos de un tema parecido a una marcha inspirado en la canción popular “La Tarara”. Lo que sigue en la sección B es una evocación de la conmovedora saeta, un desgarrador grito de éxtasis religioso. Pese al alboroto festivo, la obra concluye con un aire más tranquilo, como si la procesión hubiera entrado al fresco atardecer de la imaginación romántica del compositor.
El Libro Dos comienza con la “Rondeña”, un tipo de canción y baile que debe su nombre a la ciudad de Ronda, Andalucía, pero que guarda un parecido sólo pasajero con ella ya que es un híbrido de varios estilos. El ritmo de hemiola del tema principal le imprime su carácter español, mientras que el tema secundario de “copla” sugiere una jota. Almería es una ciudad de la costa mediterránea de Andalucía, donde el padre de Albéniz trabajó brevemente en la década de 1860. Los ritmos de hemiola también dominan esta obra, pero el ambiente es completamente diferente y nos recuerdan mucho a la seguidilla, un cante y baile jondo (“hondo”). El tema secundario es, una vez más, una “copla” al estilo de la jota pero interpretada a cámara lenta, sobre un acompañamiento de suave balanceo. Como en “El Corpus en Sevilla”, aquí Albéniz recurre a tres pentagramas que confieren a la partitura un aspecto de música para órgano. Triana es el barrio gitano de Sevilla y una de las cunas del flamenco. Este número resuena con todo el clamor de una juerga (fiesta flamenca), con arpegios de guitarras, el sonido de castañuelas, palmas y zapateo. Tras una introducción parecida a un pasodoble, el tema principal nos recuerda a las sevillanas, un estilo de canto y baile popular alegre y desenfadado de Sevilla.
El Libro Tres comienza con “El Albaicín”, el barrio gitano de Granada, ciudad que Albéniz amaba y a menudo evocaba en sus obras. Este número está estructurado como una serie de tres alternancias entre un tema principal similar a un baile y una melodía secundaria más libre al estilo de la copla. La sección de baile recuerda al ritmo de las bulerías flamencas, mientras que la distribución de notas simula una técnica de guitarra en la que se alterna el uso del pulgar y el índice. La copla de estilo jondo tiene un calidad parecida al canto que crea un ensueño fascinante. El “Polo” de Albéniz no se parece mucho a la canción flamenca de la cual tomó su nombre, salvo en su carácter inconsolablemente melancólico. Los polos de concierto más famosos son los de Manuel García, pero Albéniz tampoco parece haberlos utilizado como modelo. Lo que más nos llama la atención acerca de esta selección es la persistencia del patrón rítmico desde el primero hasta el último compás, que otorgan a la obra una calidad obsesiva acorde con el ambiente que crea. De hecho, Albéniz indica al intérprete que lo toque como si estuviera “sollozando suavemente” y, una vez más, “siempre con el espíritu de un sollozo”. La propia figura rítmica lo sugiere. El Libro Tres concluye con “Lavapiés”, un distrito de Madrid cuyo nombre debe a una iglesia de la zona en la que, cada Jueves Santo, se llevaba a cabo un rito de lavado de pies. En tiempos de Albéniz, este barrio era famoso por sus residentes de baja clase social conocidos como chulos. En las calles de este distrito había mucha vida ruidosa, que Albéniz simula mediante un alboroto de disonancias de notas equivocadas. Tanto el tema principal como secundario se basan en la habanera cubana, que hacía furor en Madrid a finales del siglo XIX.
El Libro Cuatro abre con “Málaga”, una de las obras más cortas de la colección. La libertad rítmica, la métrica triple y la modalidad del tema principal sugieren la malagueña, mientras que el tema secundario evoca una jota malagueña, una de las muchas variedades regionales de la jota. La reaparición de la jota a lo largo de toda la colección, de una forma u otra, le otorga el carácter de leitmotiv y unifica los diversos números. Jerez es una ciudad de Andalucía occidental famosa por su producción de la bebida homónima, es decir, el jerez (o sherry). Esta es la única pieza de la colección cuya tonalidad no contiene bemoles ni sostenidos. Su énfasis en el La menor y el ambiente melancólico nos recuerdan a la soleá, uno de los cantes y bailes más flamencos del estilo jondo. Los ritmos no son exactamente los de una soleá, pero la excepcional alternancia de métricas otorga a la pieza una complejidad rítmica de carácter netamente flamenco. En cualquier caso, Albéniz magistralmente arranca al teclado esbozos coloristas de canto y guitarra. La pieza final de Iberia nos lleva nuevamente a Sevilla, esta vez a la Venta de Eritaña, conocida taberna situada en los arrabales de la ciudad que se hizo famosa por sus juergas flamencas. Los ritmos de las sevillanas impregnan toda la pieza y no hay ninguna sección de copla que les haga contraste. El espíritu exuberante y la chispeante disonancia de “Eritaña” transmiten de forma inolvidable la emoción de una juerga y Debussy eligió este número como el mejor de toda la colección.
En efecto, Debussy ofreció una evaluación de esta monumental colección que la posteridad ha confirmado con creces: en Iberia, Albéniz “dio lo mejor de sí mismo”. Es una obra que, posteriormente, Olivier Messiaen describiría como “la obra maestra de la música española”.
Walter Aaron Clark
Isaac Albéniz: Portrait of a Romantic (Oxford, 1999/2002)
Luis Grané
Avalado por la crítica como “un pianista en camino ejemplar”, Luis Grané es uno de los nombres más buscados entre las promesas del panorama pianístico actual.
Desde su debut en el Palau de la Música Catalana de Barcelona para Ibercamera , Luis Grané ha sido invitado a formar parte de festivales de gran reconocimiento internacional, como el Festival Pau Casals del Vendrell (donde rindió homenaje al compositor Isaac Albéniz) o el Festival Internacional de piano de Santander (donde estrenó una obra para dos pianos de Sofía Gubaydulina , tocó con la orquesta de dicho festival como solista dirigido por Péter Csaba y actuó en dúo con Iván Monighetti, además de ofrecer varios recitales).
Fue invitado a interpretar la Iberia íntegra en el Festival Internacional de Música Isaac Albéniz, de Camprodón. En este marco fue distinguido con la décima Medalla Albéniz convirtiéndose así en el pianista más joven en recibir el galardón.
Recientmente ha sido invitado como artista estrella en el Golden Key Festival de Nueva York, donde interpretó Iberia de Isaac Albéniz, en el Weill Recital Hall del Carnegie Hall.
Su trayectoria le ha llevado a tocar en algunos de los auditorios más importantes de España, como el Auditorio Nacional de Madrid, el Palau de la Música Catalana (Febrero de 2007, siendo el pianista español más joven que ha actuado en Ibercamera),el Teatro Principal de Alicante (actuando en recital para la prestigiosa Sociedad de Conciertos de Alicante) , L’Auditori de Barcelona , etc. y también en países como Cuba, Alemania (International Steinway Festival 2004), Túnez (International festival of classical music and Arabic, 2008) Italia (recital dentro del cicle Giovanni per Tutti en el Centro Congressi del Lingotto) y en Holanda.
Ha sido galardonado con nueve primeros premios, entre ellos, el concurso “Infanta Cristina” y el “Concurs internacional de piano d’Andorra Alícia de Larrocha”. Sus actuaciones han sido registradas en directo por RNE, TVE, Radio Hamburg, Catalunya Música, TV Syria y TV Túnez tanto en la modalidad de piano solo, como de música de cámara y de solista con orquesta.
En Mayo de 2007 fue nombrado ” Cavaller Confrare de Mèrit ” por la “Confraria del Cava” junto a otros artistas de reconocido nivel internacional , por méritos en la trayectoria musical que está desarrollando.
En octubre de 2004 participó como solista en una gira con orquestra actuando en varios de los auditorios más importantes de España.
Nacido en 1986, Luis Grané comenzó sus estudios musicales a los ocho años de edad y desde 1998 hasta 2004 estudió con el profesor Carlos Julià. Recibió consejos de maestros como Alicia de Larrocha, Zoltan Kocsis, Menahem Pressler, Jacques Rouvier, Sergio Perticaroli, Emmanuel Krasowsky, Ralph Gothoni, Martha Gulyás, Joaquin Achúcarro, Joaquín Soriano, Claudio Martinez Mehner y Ana Guijarro.
Trabajó durante dos años con el profesor y pianista Adolf Pla y finalizó sus estudios superiores de música con honores y máximas calificaciones en la Escola Superior de Música de Catalunya.
De 2004 a 2009 estudió bajo la dirección de Galina Egyazarova, recibiendo la distinción de “alumno más sobresaliente” de la cátedra de piano de la Escuela Superior de Música Reina Sofía durante dos años consecutivos. Dicha distinción le fue entregada en ambas ocasiones por S.M. La Reina.